Llega la noticia de la muerte de Juan #Gelman y asalta el recuerdo de aquel corpachón coronado por un rostro propenso a la sonrisa, pero con unos ojos siempre tristes. Lo conocí en Caracas, cuando comenzaba su exilio e iba para Roma y yo acababa de entrar a IPS, casi niña aún, recién desembarcada de otra orilla.

Credito: Casa de America

Juan Gelman – Crédito: Casa de América

Hablaba poco, con una voz única, reía a ratos, quizás estaba aliviado por escapar de la muerte, pero atenazado por la incertidumbre de la suerte de los suyos. Algo en él imantaba, sin proponérselo, quizás el compromiso con la vida y con la libertad. O más probablemente la bondad, que aprendí de él después, porque era alguien llamativamente bueno, más allá de lo brillante y lo profundo, que también era.

Después llegó a Roma de jefe de redacción y hasta que se fue, a un cargo de la FAO, fue un tiempo glorioso para los periodistas de IPS, donde nos enviaba los pedidos en verso, y las correcciones y señalamientos también. Siempre me he arrepentido de no haber guardado aquellos poemas espontáneos, al hilo de situaciones o errores.

Lo vi otra vez en Roma, tremendamente cálido, como era con todos, porque ese era otro rasgo de su carácter, la calidez y la ternura. Detrás estaba su hijo y su nuera. Vivió para saber su suerte y la de su nieta. Logró al menos encontrar a su nieta, aunque después de 23 años y demasiada lucha. Justamente, él decía que “la palabra es una herramienta de lucha”, por lo bueno y contra lo malo. Añadía que “la palabra es una forma de resistencia”. Frases que sirven, como siempre y como nunca a la IPS de 2014 y a su gente.

También decía que estos tiempos actuales le daban más miedo que cualquier otro que hubiese vivido, pese a las dictaduras y las guerras de otras décadas, porque todo el sistema se confabulaba para cortar el espíritu, y que una crisis espiritual es la peor de todas.

En fin, que la mejor manera de recordarlo es leer algunos de sus poemas y, más aún, recoger en la medida de lo posible su espíritu y la herramienta de la palabra. Ese es su legado.

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